CARTA XVI DE M.A.G. DESDE PRISIÓN(05/03/2011)

 

VISITA A SAFA DE ÚBEDA.

A las 9 de la mañana de aquel sábado 12 de febrero escuchamos “¡Salida a Úbeda!”, a través de megafonía. Antonio, Juan, Kléber, Sergio, Javi y yo estábamos siendo requeridos en la puerta del módulo 3. De camino a la calle, se nos incorporaron 4 compañeros del módulo 7 y, tras huellar en el departamento de identificación, nos encontrábamos a cielo abierto, junto al autobús que, como si fuéramos un equipo profesional de fútbol, nos transportaría hasta las instalaciones de la SAFA de Úbeda para disputar un encuentro contra un combinado de ¿alumnos? ¿profesores? No teníamos ni idea. Sólo sabíamos que el evento estaba programado por la Pastoral Penitenciaria y que nos acompañarían tres amables sres. funcionarios. Aunque se echó de menos a la entrañable doña Luisa, en el exterior nos recibieron el sacerdote don José Luís, el voluntario don José Luís y la voluntaria Bea, quienes se encargaron de tomarnos las primeras fotos de equipo delante del bus. Menuda sensación supone tener el cielo sobre la cabeza sin estar en el patio del módulo. Cuando pasamos por Mancha Real, sentí cierta nostalgia por mi pasada actividad profesional al volver a ver fugazmente las naves industriales de algunos que, hace años, fueron mis clientes durante mi etapa como gestor de cuentas de Amena, incluido el bar donde, en algunas ocasiones,  cerraba  tratos   y  contratos.

Nuestra primera parada tuvo lugar en Baeza, concretamente en la explanada donde se instala una coqueta feria de agosto en honor a la Virgen del Alcázar que en ocasiones también visité durante mi libertad. Justo enfrente, fuimos generosamente invitados a desayunar unos churros (porras), algo que en prisión catamos sólo un par de veces al año. Tras unas fotos con la señora gerente del establecimiento, reemprendimos nuestro viaje.

         Nueva tanda de recuerdos al llegar sobre las 11 a Úbeda: La ITV que precede a una feria de San Miguel que en 2007 visité con Anchoa, Cristian, Garri y Tótem, y el propio edificio de la SAFA que conocí hace más de diez años al acudir con mis amigos Jesús Tallada y Carlos Chamorro a la representación teatral “Maranatha” acerca de la pasión de Jesús de Nazareth.

           “¡Son mis padres!”, le comenté a Javi, que caminaba a mi lado al bajar del autobús. La verdad es que el día anterior se cortó mi 3ª y última llamada mientras les estaba informando telefónicamente del viaje. Enorme la sorpresa que mi madre y mi padre me habían preparado. A pesar de su edad, siguen y seguirán siendo mis mayores incondicionales, sin desmerecer a quienes han seguido mis sesiones techno y electrohouse, ni a quienes siguen mi evolución personal/penitenciaria a través de estehttp://justiciaparamag.jimdo.com. Les di un beso y me comentaron que habían ido solamente a presenciar como espectadores el partido de fútbol. Para saber si esto suponía algún inconveniente, inmediatamente me dirigí a los sres. funcionarios. Haciendo gala de su humanidad, tanto ellos, como los organizadores de la Pastoral nos sugirieron que, ya que habían hecho el viaje, también se quedaran para la posterior convivencia. Resuelta mi incertidumbre, regresé con resto de mis compañeros, siendo recibidos por un grupo de unos cinco chicos y unas diez chicas. Divisé el primer destello de luz  en  la sincera  y  amplia

sonrisa que nos dedicaban en la distancia corta, mientras nos iban indicando su nombre, una a una y uno a uno. Tras acceder al interior, hicimos un corro en el que nos mezclamos visitantes con anfitriones para hacer nuestra breve presentación en público. Tras este preámbulo nos encaminamos hacia la pista polideportiva, corto trayecto en el que nos informaron de que el partido sería en formato fútbol sala y que ellos serían nuestros contrincantes. Me resultaba increíble la natural hospitalidad con que todos y todas, tan jóvenes, nos atendían, nos hablaban y nos acompañaban hombro con hombro por las instalaciones. Como si nos conocieran de toda la vida.

 

UN IGUALADO Y LARGO PARTIDO DE FÚTBOL.

 

           El partido (que duró casi dos horas) resultó igualadísimo al principio aunque, más o menos en el ecuador, y no sin un enorme esfuerzo, nos colocamos con un marcador favorable de 1 a 3. La única nota negativa tuvo lugar al principio, cuando el marcador aún reflejaba el empate inicial. En un valiente mano a mano contra nuestro portero Antonio, un chico de SAFA cayó de mala manera provocándose una ligera luxación en el hombro de la que desde aquí le deseo una pronta recuperación. Aquel pequeño percance no le impidió, afortunadamente, continuar brindándonos su atenta compañía durante toda la tarde. Como el equipo de SAFA andaba justito de banquillo, terminaron animándose a jugar las chicas, que intervinieron de forma más que destacada, obsequiándonos por momentos con numerosos y meritorios gestos técnicos como meritorios despejes de cabeza, remates a puerta y paradas de sus porteras. Entonces mezclamos los equipos y así dejamos de jugar “contra” ellos/as para jugar “con” ellos/as, simplemente por diversión, pasando el resultado a ser lo de menos. En lo personal, a pesar de que (como bien sabe quien me conoce desde siempre) mi demarcación natural siempre ha sido la de portero, en esta ocasión mi juego se desplegó en las inmediaciones del área rival durante la segunda mitad de cada periodo, logrando dos goles tras haber fallado cuatro o cinco clarísimos mano a mano. Aunque el auténtico mérito correspondió a una chica morena que llevaba al cuello un fino pañuelo pues, vistiendo un pantalón vaquero blanco y calzando unas botas altas de punta fina, también logró dos tantos, lo que merecidamente le reportó el afectuoso apodo de “la pichichi”.

 

LA CONVIVENCIA.

 

           Cerca de las 2 de la tarde, nos aseamos un poco y nos condujeron hasta el amplio comedor donde nos esperaba una larguísima mesa con diversos aperitivos y refrescos que, con todo su cariño, nos habían preparado. Durante la comida tuvimos ocasión de conocernos un poco más, pareciéndome estupenda la gente sentada a mi alrededor: Varias estudiantes de magisterio, el profesor de alguna de ellas, otra estudiante de un ciclo formativo, la monitora de informática del módulo 1 de prisión, y un chico con gafas y pelo largo que al final resultó ser costalero de la Virgen de Gracia de Úbeda, con lo que fue inevitable que mantuviésemos una pequeña conversación cofradiera. Incluso di con gente que había conocido mi caso a través de internet. Entre otros muchos asuntos que tratamos, el chico que era profesor, me comentó lo útil que resultaría una charla de algún recluso del centro penitenciario dirigida a alumnos en edades críticas (15-16 años) sobre los comportamiento y modos de vida con elevado riesgo de acabar en prisión que, según coincidíamos, en la mayoría de los casos suele ser una elección inadecuada de las amistades. Luego resultó que “la Pichichi” y yo teníamos un amigo común que había jugado hace unos años en el C.D. Linares, así que me dijo que iba a llamarlo por teléfono para comentarle que estaba conmigo. Al observar que los fumadores salían al patio para fumar y estábamos quedando poca gente en el salón, salimos fuera también. La Pichichi, que llevaba unos minutos desaparecida, salió al patio reproduciéndome sonriente el brevísimo pero afectuoso comentario sobre mí emitido por nuestro amigo común. Que tenga ese recuerdo de mí, alguien que lleva varios años sin hablar personalmente conmigo, me dio a entender que algo bueno habré tenido que hacer, así que en ese momento la alegría me emocionó ligeramente y creo que ella se dio cuenta de que me quedé sin saber qué decir.

           Javi y yo nos hicimos una foto juntos delante de un colorido graffiti aprovechando que el sacerdote estaba dándole uso a la digital para sacar partido a una tarde tan soleada. Mis padres y yo estuvimos charlando con una chica de Córdoba que estaba con una amiga rubia y con su madre. Mientras nos hacíamos algunas fotos con las tres, les pregunté cómo seguían ese peazo de Estadio del Arcángel, ese puente romano espectacular y esa magnífica Mezquita. Abiertamente orgullosas de su ciudad (sobre todo la madre) ellas me respondieron que todo en Córdoba sigue tan estupendo y tan precioso como siempre. La chica había sido campeona de Córdoba de ajedrez, así que, de haber tenido un tablero, habríamos disputado allí mismo un match Córdoba-Linares aunque les avisé que seguramente me hubiera ganado porque yo no he destacado tanto como ella en ese deporte.

Entonces una chica de Cádiz sacó un cajón para acompañar las palmas de varias sevillanas y diversos cánticos de carácter andaluz, dándose paso posteriormente a una serie de juegos en los que el cura llevó la voz cantante.

 

REFLEXIÓN COLECTIVA ANTES DE LA DESPEDIDA.

 

           Después acudimos a la Capilla de los Porches para una pequeña reflexión colectiva, desde el punto de vista cristiano, acerca de la experiencia vivida durante toda la jornada. Antes de que comenzara el acto, una chica con gafas, al verme con el chándal del C. D. Linares me preguntó si era seguidor del equipo. Disipé todas sus dudas cuando le enseñé la camiseta azulilla que llevaba debajo y saqué de mi cartera los regalos que la peña linarense Valgas Fresa me entregó durante el permiso de Navidad: El carné de simpatizante del club y el carné de miembro de una peña. Entonces la chica admitió conocer la trayectoria reciente del Linares, pues era aficionada al Baeza que milita en la misma categoría, comenzando así una pequeña charla futbolística en la que analizamos las altas posibilidades de ascenso a Tercera División de nuestros equipos, pues el Linares era líder en aquel momento, seguido por el Baeza y el Iliturgi.

           Dos jóvenes voluntarios de SAFA ejercieron de maestros de ceremonias, leyendo en voz alta un texto acerca del simbolismo de la sal y la luz. Entre otras reflexiones en voz alta, concluimos que la luz simbolizaba la actitud positiva de nuestro espíritu ante la vida, siempre que estuviese dispuesto a ayudar (iluminar el camino) del prójimo. Tras un pequeño debate en el que, al encontrarnos un poco cortados los visitantes, intervinieron mayormente los voluntarios y las voluntarias, pasamos al turno de peticiones, deseos y agradecimientos, antes de despedirnos. Durante algunas intervenciones que expresaban los sentimientos de mutua gratitud que habían experimentado a lo largo del día, florecieron multitud de emociones prácticamente incontenibles. En la mía, pedí muy brevemente que nunca dejen de existir almas de luz como las de aquellos voluntarios que nos habían recibido con los brazos abiertos porque, mientras exista ese tipo de almas, siempre habrá un consuelo para gente que padece situaciones de marginación, de injusticia y de exclusión social. Y después expresé públicamente agradecimiento a mis padres por la sorpresa que me habían dado al presentarse allí aquella mañana sin haberme avisado. Cuando cada uno de los presentes expresó lo que quiso, la gaditana volvió a sacar el cajón y, mientras nos fotografiábamos de dos en dos delante de una imagen de María Auxiliadora, empezamos a palmear algunas canciones que reprodujeron en un portátil, como “It’s time to change” o las sevillanas de “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”, comenzando así

los abrazos de una emotiva despedida con la que algunas lágrimas brotaron. Aquellos y aquellas fuera de serie nos acompañaron hasta la misma puerta de SAFA insistiendo en que más que un “adiós” era un hasta luego, pues aún tienen que visitarnos en abril en el Centro Penitenciario para disputar el partido de vuelta y, más adelante, tienen previsto acompañarnos en una excursión.

           Durante el camino de vuelta, Javi y yo aún no dábamos crédito por esa forma de entregarse a nosotros con tanta sensibilidad por parte de chicos y chicas que no nos conocían de nada y que aquel mismo sábado podían haber hecho otras mil cosas diferentes con sus familias o con sus amigos.

           Ingresando de nuevo al módulo 3, hasta los funcionarios que nos habían visto salir por la mañana, notaron que volvíamos con mejor cara.   Cuando entre dos colectivos de jóvenes que previamente no se conocían aparecen de forma espontánea sentimientos como la amistad, el compañerismo, la solidaridad, y la generosidad, el transcurso de las horas origina un torrente indescriptible de emociones como el que varios internos experimentamos durante aquellas horas que nos resultaron cortísimas.

           A pesar de que los voluntarios de SAFA los llevaban escritos con pegatinas, he olvidado varios nombres, pues fue demasiada gente en un solo día y yo soy un desastre para los nombres, así que he preferido no poner ninguno antes de omitir algunos. Pero que sepáis que sois cracks y que, a pesar del poco tiempo que ha pasado, ya se os echa mucho de menos y se desea que nos devolváis la visita.

Miguel Ángel García Moreno.

 

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